24.8.08

the end

Con un primer plano del tatuaje de hena que la prota se hace a mitad de la peli en la pierna derecha, aparece el "The end" en la pantalla. Las luces se encienden,y la sala se vacía lentamente.

Sin levantarme de la butaca repaso cada fotograma del film: la dureza de las palabras del que, confunfiendo el querer con el amar, la perdió para siempre en la primera escena; la amargura escondida del amante que fingiendo no esperar nada a cambio la desea a escondidas a lo largo de toda la película; la seguridad que le dan los de siempre queriéndola a pesar de todo y que queda patente en la mayoría de escenas; los paisajes exóticos que ella fotografía a mitad de la peli en tierras africanas; la escena del encuentro fortuito con él antes de emprender la aventura y el topicazo de dejar en manos del destino el volver a reencontrase. Primer plano del tatto, fundido a negro y "The end".

Es inútil, por más que repase cada escena, cada diálogo, no consigo comprender
el final. Ya se sabe, directores de cine independiente que viven en los barrios fashion de ciudades como Londres, New York o Barcelona...

Me levanto de la butaca cuando ya no queda casi nadie en la sala y me deslizo por el pasillo de en medio hacia la puerta de emergencia liándome un cigarrillo cuando, de repente, una voz familiar me susurra al oído: "Lindo el tatuaje de la pierna. ¿Es hena?"

8.8.08

alergias

¿Por qué es tan difícil saber cuándo es el momento de tirar la toalla? ¿Cómo saber que una retirada a tiempo es una victoria?

Tendría que existir un indicador que nos avisara de ello. Como cuando te da una alergia al comer algo. Sabes claramente que esa comida no es buena para ti. Y que si vuleves a comerla, volverás a sufrir sarpudillos... ¿Por qué no nos dan alergia todas las cosas que nos hacen daño en la vida?

Sería todo mucho más fácil...

7.8.08

hay vida después de Brad Pitt

Hoy, en la sección "Gente" de El País aparece un artículo que bajo el título "Hay vida después de Brad Pitt" explica que Jennifer Aniston, ex del guaperas, se casará en los próximos meses con un yogurín diez años menor que ella con el que sale desde abril.

Recuerdo que cuando leí hace ya unos meses-años, que Brad Pitt había dejado a la Jenny, pensé ¡pobre tía! Y la verdad es que lo pasó mal, y no me extraña. Después de estar con uno de los hombres más guapos del planeta,¿qué te queda? Porque, como me decía una amiga el otro día, por más mal que les fueran las cosas, abrir los ojos por la mañana y encontrarte con ese pedazo de hombre en la cama... como que vas a trabajar más alegre, ¿no? ¿Os lo imagináis? ¡¡jajajaja!!

Pues resulta que ahora la actriz se casará con el yogurín éste, y por eso el título del artículo de El País ... ¡Pues claro que hay vida después de Brad Pitt!


Jennifer Aniston es un ejemplo de que por más que creamos que hemos perdido al hombre o a la mujer de nuestra vida, siempre habrá alguien de quien nos enamoraremos después y que nos hará ver que eso que creíamos tan maravilloso, no lo era tanto; y que si no hubiera sucedido lo que sucedió, no hubiéramos podido disfrutar esta nueva experiencia. ¡Que no hay mal que por bien no venga!, dicen.

Eso sí, amanacer con las caricias de Brad Pitt...

Y con este apunte de prensa del corazón (todos tenemos un pasado), os deseo un feliz verano. Yo, el sábado, me bajo al moro. Espero regresar cargadita de historias.

5.8.08

si es por esos libros nunca aprendo... (*)

Cuando yo era una niña, la enseñanza obligatoria duraba ocho años. Esto quiere decir que todos los de mi generación asistimos, quitando sábados y domingos, una media de 1.584 días a clase (eso para los afortunados que no repetimos ningún curso).

A lo largo de estos 1.584 días aprendí un montón de cosas. Algunas me han sido realmente útiles al largo de la vida, como aprender a leer y a escribir; o a sumar, restar, multiplicar y dividir.

A la geografía, la historia, las naturales y las sociales también les estoy sacando algo de partido. Básicamente, el de poder asistir a eventos sociales sin meter mucho la gamba. La química y la física también me han servido para comprender algo de vez en cuando.

Los que fuimos a colegios catalanes y de carácter religioso, como el mío, teníamos además el
Si us plau, un libro que te explicaba cómo comportarse en público. Aprendí, por ejemplo, que es de mala educación comer con la boca abierta, interrumpir cuando hablan los mayores, o pelearte con tu hermano. No estaba mal. Aunque lo que más agradezco de la asignatura es estar segura de que "si us plau" se escribe separado.

Pero en los 1.584 días lectivos, no recuerdo que ningún profesor me explicara, nunca, la castaña que te metes cuando comienzas a afrontar la vida tu solito.

Nadie me dijo que en la vida casi nunca acabamos "siendo felices y comiendo perdices"; ni que aunque Kelly y Dylan acabaran juntos en el último capítulo de Sensación de vivir, a los dos meses, si eso hubiera sido la vida real, Dylan hubiera vuelto a hacer de las suyas. O que aunque estudies mucho, nadie te asegura que te puedas ganar la vida y, mucho menos, tener cuatro paredes donde caer muerto. Y que da bastante igual ser bueno o malo para que te pases cosas mejores o peores...

Me hubiera gustado que alguien me hubiera advertido que la vida no es fácil, y que me lo hubiera explicado con ejemplos que pudiera comprender.

Creo que en estos más de cuatro años enteros de nuestras vidas, podríamos haber dedicado menos horas a estudiar afluentes de ríos que nunca veremos y efemerides exactas que no recordamos desde dos horas después del día que tuvimos el examen, y en cambio haber aprendido un poco más sobre de qué va la vida.

No sé si seríamos más listos, pero más felices, seguro.

(*) de la canción de Fito y los Fitipladis, 'La casa por el tejado', en Lo más lejos... a tu lado


4.8.08

celebrant l'amor

Quina alegria saber-us tant feliços, tan units, amb tants projectes en comú... Veure que dues persones que s'estimen són capaces de salvar múltiples obstacles per estar juntes en fa creure en l'amor; veure com de bé us ho passeu junts, com rieu l'un al costat de l'altre, em fa tornar a creure que és possible.

Veient-vos a vosaltres em crec que és possible tenir un còmplice al costat, algú amb qui compartir la vida, algú que et respecta per sobre de totes les coses i que lluitarà per a que la flama de l'amor mai s'apagui.

I més feliç em fa encara veure que desde el primer dia heu comptat amb mi per compartir aquesta felicitat i donar-me'n una miqueta. I veure que ara voleu fer una festa amb els amics i la familia per fer-nos còmplices i pariceps d'aquest amor és el millor regal que ens podieu fer.

Moltes felicitats als dos. Amb vossaltres, aquest planeta és una mica més bonic, oi tant que sí!!!

29.7.08

siempre nos quedará lugar para una primera vez


A las puertas de la treintena sé que ya nunca podré vivir ciertas cosas contigo.

La inocencia, la inconsciencia, la inexperiencia... ya no son para nosotros. No podremos descubrir la vida juntos porque ya la habremos saboreado por separado; no podremos crecer de la mano porque hace años que yo ya lo estoy haciendo por mi cuenta y espero que tú, a pesar de no saber todavía quién eres, lo habrás hecho por tu lado...

Lo bueno de la situación es que ya no nos tendremos que aguantar las tonterías de la inmadurez; lo malo, que nunca podré acariciar tu rostro de niño y t
ú nunca podrás saborear mi cuerpo de adolescente.

Aún así, siempre nos quedará lugar para una primera vez. Y es que ni siquiera el tiempo tiene poder suficiente para quitarnos el privilegio de que nos enamoremos el uno del otro. Y eso sí que me gustaría que nos pasara por vez primera, a los dos.


17.7.08

cosas que molan (II)

Mola que me mires y me coja cosquilleo en la barriga.

placeres (no sexuales) III

Un baño en la playa a última hora de la tarde en un día de verano.
Si es contigo y estamos completamente desnudos, mejor que mejor.

1.7.08

cosas que molan (I)

Mola ser tía e ir a las discos de ambiente gay porque puedes bailar todo lo que quieras sin que ningún moscón te venga a tocar las narices.Y porque en el baño no tienes que hacer cola.

30.6.08

¡que viva la jornada intensiva!


Ilustración: Forges

El calendario catalán (como el de casi todos los países) está repleto de onomásticas que se celebran con todo lujo de detalles: Sant Jordi, con sus rosas y sus libros; San Joan i Sant Pere con sus petardos, la coca y la hoguera; las fiestas mayores de pueblos y barrios con pasacalles, gigantes y cabezudos; el día de Todos los Santos, con sus castañas y sus boniatos; el Día de la Primavera con las plantas que nos regalan nuestros queridos ayuntamientos; el Domingo de Ramos con las palmas y palmones, y así, uno tras otro.

Desde aquí quiero reivindicar que se celebre también el Día de la Jornada Intensiva, que podría ser tal día como hoy, 30 de junio, día en que llego al despacho pensando lo bien que estaría en la playa en lugar de estar encerrada ocho horas delante del ordenador y se me acerca el jefe y me dice que, a partir de mañana, si quiero, puedo hacer jornada intensiva. Yuuuuuuuuuuuuupi! ¡Pues claro que quiero! Yo, este día lo celebraría con el regalo de un traje de baño por parte de los colegios y gremios profesionales. ¿Qué os parece?

A partir de mañana, si pasan de las tres, buscadme en la playa. ;-)

15.6.08

en el atolladero

Para escribir y contar historias es básico vivir y observar la vida. Si no ves, escuchas ni sientes es muy difícil contar nada. Pero a veces, la propia vida y el exceso de sensaciones te absorben de tal manera que es imposible plasmar nada sobre el papel...

Y esto es lo que me ha pasado estos últimas semanas... He vivido tantas emociones y tan intensamente que cada vez que intentaba escribir algo, todas las palabras querían salir a la vez, se hacían la trabanqueta y, al final, la una por la otra, ninguna conseguía salir del atasco. Sólo conseguí poner un "pause",y ya me costó lo suyo. Ahora parace que el atolladero comienza a desvanecerse en mi cerebro y las ideas empiezan a ordenarse solas... Supongo que en unas horas o unos días mi cabeza recuperá su estructura habitual y podré contar todo lo que quiero. Porque aunque no haya escrito nada, la vida
pasa... ¡y de qué manera!

A todos y todas, gracias por esperarme. En breve, ¡mucho más!

22.4.08


Como una lata de cerveza agitada

Todos sabemos que cuando una lata de cerveza sin abrir se cae al suelo, lo mejor es dejarla reposar un rato para que recupere su estado natural y no nos explote en la cara al abrirla.

Bien. Pues yo, estos días estoy dejando reposar a mi corazón. Se me cayó al suelo hace ya unos meses, pero como llevaba mucho tiempo haciendo malabares con él, ahora no me atrevo a usarlo hasta que no se aposente del todo.

En realidad, el corazón lo uso cada día. Sino, no sobreviviría. Pero no es lo mismo usarlo que abrirlo... Y ahora mi corazón es como una lata de cerveza agitada.

Y la verdad es que ni siquiera sé si tengo sed.

30.3.08

Tenerife

Tenerife es una isla de contrastes.


Tiene un Norte húmedo y espeso, con una vegetación increíble, con caminos reales y caminos sin salida. Un Norte que te sorprende a cada paso, con vino de la tierra y personas generosas. En el Norte el paisaje te emociona y la niebla te acojona.


El Sur, en cambio, es cálido y árido y, aunque tremendamente comercial, todavía cuenta con playas perdidas con arena blanca y agua cristalina. El Sur está hecho para quedarte en pelotas y disfrutar del Atlántico.



Entre uno y otro se eleva, majestuoso, el Teide. A más de 3.000 metros de altura, es el pico más alto de España y el de cualquier isla atlántica y es el tercer mayor volcán de La Tierra desde su base. Pero para llegar a él y disfrutar de sus increíbles vistas casi que tienes que arriesgar tu vida, tomando una guagua repleta de alemanes sudorosos que circula durante más de una hora por una carretera con millones de curvas y en la que no se ve a más de un palmo de distancia. Y justo cuando ya crees que has llegado a lo más alto, todavía queda el viaje en teleférico, un artefacto igual de claustrofóbico que de increíble que, ahora, sí, te eleva hasta la cima. Tras cinco minutos mirando a las nubes por encima del hombro, el frío aterrador te recuerda que el cielo no se puede tocar, aunque sí saborear.

En toda la isla no he encontrado a ningún autóctono que no fuera amable y pausado. Para ellos, el noventa por ciento de las veces soy mi niña, pero el otro diez por ciento me convierto en la mujer invisible.

Tenerife, sin lugar a dudas, no te deja indiferente. Tenerife te lo da todo, pero nunca a cambio de nada. Tenerife te cuida pero en algunos momentos te putea. Y es que Tenerife es una isla de extremos, como mi vida, seguramente también como la tuya. Y es que Tenerife me recuerda tremendamente a ti y a mí. ¿A nosotros?, cómo no.

17.3.08

!Qué más se puede pedir!

Con la compra hecha, llego a casa después de una laaaarga jornada de trabajo. Pongo a Sabina y Serrat, enciendo unas velas, abro una botella de vino tinto y me lío un cigarillo.

De pronto, la de "El pirata cojo". Me lanzo a bailar como una loca, sola, en medio del salón.

¡Qué más se puede pedir!

16.3.08

conversaciones musicales

Últimamente atraigo a los músicos cincuentones, está claro.

El otro día fue en la cola del súper. Un hipie de la vieja escuela con acento portugués me preguntó que cuántas piscinas había hecho. Supongo que me vió con la bolsa del gimnasio y el pelo mojado e imaginó que nadaba. Por qué se le ocurrió preguntarme, eso ya no lo sé... A su interrogatorio reaccioné bastante ranciamente y le dije que ninguna, para ver si así me dejaba en paz. Era las nueve de la noche de un día entre semana, y yo sólo tenía ganas de llegar a casa y tumbarme en el sofá...

Pero unas milésimas de segundos después me vi a mí misma como una estúpida y una amargada. Me giré, le sonreí y le conté que yo no nadaba, que prefería la gimnasia, que daba menos frío. Estuvimos hablando lo que duró la cola, y descubrí que era alemán de nacimiento aunque hacía treinta años que frecuentaba el Brasil. Y que su cara me sonaba porque es el señor que siempre toca bossa nova frente al museo Picasso. ¡Cómo no me iba a sonar, si desde hace años paso por delante suyo una media de cuatro veces al día!

Hoy ha sido en el gimnasio. Esta mañana he ido a tomar el Sol a la terraza del Club. Se presentaba una mañana de lo más relajada, con el periódico, mis cigarrillos y unas mandarinas para matar el hambre hasta la hora de comer, cuando de repente el hombre que estaba en la tumbona de al lado me ha pedido el periódico para mirar a qué hora daban la Fórmula 1. A partir de ahí han sido más de dos horas de conversación. Esta vez, en lugar de comenzar groseramente he decidido ser simpática de entrada, supongo que que te intercepten un dominigo por la mañana es distinto a que lo hagan un martes por la noche...

Resulta que éste también era músico, pero de jazz, y trabaja en una tienda de instrumentos en la calle Bonsuccés. Originario de Galicia (A Coruña para más señas) pero residente en Barcelona desde hace 28 años. "Los mismos que yo", le he dicho. Desde ese momento he visto como, al menos un poco, disminuía su interés por ligar conmigo. Su cara también me sonaba, así que preguntando, preguntando he descubierto que es uno de los músicos que hace años tocaban jazz en la plaça del Pi. "Buenísimos", le he dicho.

Pues nada, a ver si sigue la racha y un día de estos me topo con Sabina y me pide la hora.

10.3.08

espiritualidad

Hace una semana, en la frase "para reflexionar" que voy cambiando en este blog apuntaba que "La espiritualidad es la distancia entre tú y la vida".

La frase la escuché un sábado por la noche que no salí y me quedé enganchada a la tele, comiendo pipas y viendo en el Canal 33 una entrevista a un jesuita. Sí, sí, como lo estáis leyendo... Los que me conocéis sabéis de sobra que las religiones me vienen un poco grandes, sobretodo fuera de la jornada laboral. Pero mira, el jesuita éste me gustó (una lástima que no me quedé con su nombre...)

El tio hablaba de que todo el mundo busca la espiritualidad de alguna manera u otra. Unos la llama zen, otros naturaleza, otros cristianismo, otros "paz interior".... pero al final, le pongamos el nombre que le pongamos -decía- no es más que el espacio que dejamos entre nosotros mismos y la vida, porque si no dejáramos ese espacio sufriríamos muchísimo. ¡Cuánta razón!

Yo, que soy lo más visceral que he conocido nunca, pues llevo fatal eso de dejar un espacio entre yo y el resto; entre mi persona y lo que me sucede, pero porque sobrevivir quiero sobrevivir, pues ya hace tiempo que sin darme cuenta, pero sobretodo a base de ostias, he ido haciendo que este espacio creciera y creciera...

Sin ir más lejos, este fin de semana me pasó una cosa que seguramente en otro momento me hubiera afectado muchísimo, haciéndome llorar, desgastándome, gritando, maldiciéndome y haciendo que este lunes fuera lo peor de lo peor. Pero, como por arte de magia, no fue así. Respiré hondó, conté hasta diez y visualicé el espacio que había entre yo y la putada que acababa de vivir en primera persona...

Hecha esta reflexión, decidí no pensar en el problema ni un minuto más del que éste se lo merecía, y continué con mi vida, disfrutando de un fin de semana maravilloso, rodeada de familia y amigos.

Al final, ni nada es tan grave como parace ni hay mal que cien años dure.
Os recomiendo hacer caso al jesuita. Y no por jesuita, si no porque sabe lo que se dice.

2.3.08

pensar en el gimnasio no es bueno (I)

En la sala de máquinas de mi gimnasio hay un aparato para hacer cardio que estoy segura también se encuentra en el resto de gimnasios de la ciudad. Se trata de una máquina a la que te subes y colocas cada uno de tus pies en una especie de palas a lo robocop. Con las manos agarras unos palos que recuerdan vagamente a los de esquis. Tras introducir una serie de datos en el ordenador del artilugio (peso, nivel, tiempo, etc.), las palas y palos, al unisono, comienzan a moverse. Y tú te ves allí arriba, subiendo y bajando las piernas como si quisieras participar en una maratón, y moviendo los brazos también hacia adelante y hacia atrás, como si no te fuera a importar dislocártelos en cualquier momento.


Allí subida no puedo hacer más que mirar al resto de personas que se encuentran en otras máquinas que les sujetan otras partes de su cuerpo. También veo al grupo de chicos-armario que parece que lleven todo el día ahí metidos levantando pesas. Y así, todos los presentes, sudamos la gota gorda pero ponemos cara de orgullo y satisfacción.


Pues bien, he descubierto que si cuando me encuentro subida en esa máquina y observando tal escenario, pienso, automáticamente una escandalosa risa surge de lo más profundo de mi ser y nada ni nadie la pueden parar... Es como si al pensar me saliera de mi cuerpo y lo viera todo desde fuera. De golpe es como si nunca hubiera visto un gimnasio ni supiera lo que es, como si fuera Gurb en el libro de Eduardo Mendoza. Entonces la situación deja de tener ese punto de esfuerzo, sacrificio, salud y pasa a ser una escena cómica. ¿qué coño hacemos todos allí encerrados sudando la gota gorda en nuestro único rato libre? (lo mismo debe pensar la señora que limpia...)

Os animaría a probarlo, a pensar mientras estáis haciendo máquinas, pero mejor que no. El otro día un mazas me pilló en pleno éxtasis y casi me gano una ostia... El gimnasio no es buen sitio para burlarse de nadie, ni siquiera de uno mismo.

22.2.08

el hijo del carnicero

La primera vez que le vi me dio un susto de muerte. Era de madrugada y yo volvía de fiesta, camino de mi, por aquel entonces, recién estrenado apartamento. Me interceptó a mitad de la calle -una calle que todavía me era desconocida- para decirme lo guapa que era y que si me acompañaba. Me siguió durante un buen rato. Él no debía tener más de 15 años, pero el hecho de que estuviera oscuro y yo llevara alguna copa de más; y de que el fuera árabe y un desvergonzado, pues que queréis que os diga, me acojonó.

Después de ese día le he visto decenas de veces. Es el hijo del carnicero hindú que hay al final de la calle. Siempre que nos cruzamos me sonríe. Creo que es su manera de disculparse por el susto que me dio ese día.

Esta tarde me he cruzado con él por la calle de siempre, caminaba apresuradamente e iba de punta en blanco: pantalón tejano recién estrenado, camisa planchada, zapatillas relucientes y pelo engominado. Lucía una tremenda sonrisa y en la mano llevaba una rosa. Creo que había quedado con una chica. Hoy he sonreido yo primero.

16.2.08

paz

Cuando llegó quedo sorprendida por lo grande que era aquel piso, un piso típico de la burguesía catalana reconvertido en centro social. Al entrar a la sala, una docena de personas -todas mujeres- se habían dispuesto en círculo, cada una sobre una manta blanca. A ella no le quedó más que imitarlas. Así que cogió una de aquellas mantas, la puso en el suelo esforzándose para que quedara tan lisa y perfecta como la de las otras, y se estiró en ella.

Luego vinieron dos horas para respirar, relajarse, pensar y no pensar, masajearse y recordarse a cada segundo que ella no era más que un ser encajonado entre el magma de la tierra y la libertad del cielo.

Al final de la sesión cogió una carta al azar. No se trataba de una carta de la baraja española, ni de la de póquer. Ni siquiera era una carta del tarot. Se trataba de una carta más grande que la de cualquier baraja que conocía. El reverso era como el de cualquier baraja, un entramado de líneas mediopsicodélicas azules (que a veces puedes ser rojas). En el anverso había un texto de unas cinco o seis líneas. Lo leyó dos, tres, cuatro veces, intentando comprender qué quería decir aquello... y aunque intuyó algo, no lo acabó de descifrar. No le preocupó lo más mínimo.

Dio las gracias, se puso los zapatos y se fue calle a bajo, sin saber muy bien cómo andar. La gente a su alrededor caminaba acelerada, los coches pitaban y algún conductor incluso gritó, pero ella no se percató de nada. Andaba despacio, como hacía años que no lo hacía.

Al llegar a casa la estaban esperando con la cena preparada. ¿Se le puede pedir algo más a un viernes por la noche? Mientras se hacía esta pregunta, se besaron como si hubiera pasado una eternidad desde la última vez que se habían visto. ¿Cenamos?