5.8.08

si es por esos libros nunca aprendo... (*)

Cuando yo era una niña, la enseñanza obligatoria duraba ocho años. Esto quiere decir que todos los de mi generación asistimos, quitando sábados y domingos, una media de 1.584 días a clase (eso para los afortunados que no repetimos ningún curso).

A lo largo de estos 1.584 días aprendí un montón de cosas. Algunas me han sido realmente útiles al largo de la vida, como aprender a leer y a escribir; o a sumar, restar, multiplicar y dividir.

A la geografía, la historia, las naturales y las sociales también les estoy sacando algo de partido. Básicamente, el de poder asistir a eventos sociales sin meter mucho la gamba. La química y la física también me han servido para comprender algo de vez en cuando.

Los que fuimos a colegios catalanes y de carácter religioso, como el mío, teníamos además el
Si us plau, un libro que te explicaba cómo comportarse en público. Aprendí, por ejemplo, que es de mala educación comer con la boca abierta, interrumpir cuando hablan los mayores, o pelearte con tu hermano. No estaba mal. Aunque lo que más agradezco de la asignatura es estar segura de que "si us plau" se escribe separado.

Pero en los 1.584 días lectivos, no recuerdo que ningún profesor me explicara, nunca, la castaña que te metes cuando comienzas a afrontar la vida tu solito.

Nadie me dijo que en la vida casi nunca acabamos "siendo felices y comiendo perdices"; ni que aunque Kelly y Dylan acabaran juntos en el último capítulo de Sensación de vivir, a los dos meses, si eso hubiera sido la vida real, Dylan hubiera vuelto a hacer de las suyas. O que aunque estudies mucho, nadie te asegura que te puedas ganar la vida y, mucho menos, tener cuatro paredes donde caer muerto. Y que da bastante igual ser bueno o malo para que te pases cosas mejores o peores...

Me hubiera gustado que alguien me hubiera advertido que la vida no es fácil, y que me lo hubiera explicado con ejemplos que pudiera comprender.

Creo que en estos más de cuatro años enteros de nuestras vidas, podríamos haber dedicado menos horas a estudiar afluentes de ríos que nunca veremos y efemerides exactas que no recordamos desde dos horas después del día que tuvimos el examen, y en cambio haber aprendido un poco más sobre de qué va la vida.

No sé si seríamos más listos, pero más felices, seguro.

(*) de la canción de Fito y los Fitipladis, 'La casa por el tejado', en Lo más lejos... a tu lado


2 comentarios:

Silvia dijo...

Bueno, quizá a los maestros no les resulta fácil hablar de las miserias de la vida porque ya las viven ellos como adultos... y al menos el ratito en que te inculcan los ríos se olvidan de lo suyo, y sueñan que quizá tú sí logres cruzarlos todos.

La vida es un fantástico viaje, y la felicidad a veces reside en ser capaces de levantarnos después de caer, y seguir adelante. Eso nos hace fuertes y nos ayuda a perder el miedo, el peor de todos los males, porque ya sabemos que por muy castaña que sea la vida, podemos ponernos en pie.

Sonríe preciosa...

SZG dijo...

me pareceria exelente que a uno como estudiante le enseñaran eso pero entonces todo seria tan perfecto que seria hasta maluco vivir la vida consiste en saver enfrentar dificualtades y saver vivir