30.3.08

Tenerife

Tenerife es una isla de contrastes.


Tiene un Norte húmedo y espeso, con una vegetación increíble, con caminos reales y caminos sin salida. Un Norte que te sorprende a cada paso, con vino de la tierra y personas generosas. En el Norte el paisaje te emociona y la niebla te acojona.


El Sur, en cambio, es cálido y árido y, aunque tremendamente comercial, todavía cuenta con playas perdidas con arena blanca y agua cristalina. El Sur está hecho para quedarte en pelotas y disfrutar del Atlántico.



Entre uno y otro se eleva, majestuoso, el Teide. A más de 3.000 metros de altura, es el pico más alto de España y el de cualquier isla atlántica y es el tercer mayor volcán de La Tierra desde su base. Pero para llegar a él y disfrutar de sus increíbles vistas casi que tienes que arriesgar tu vida, tomando una guagua repleta de alemanes sudorosos que circula durante más de una hora por una carretera con millones de curvas y en la que no se ve a más de un palmo de distancia. Y justo cuando ya crees que has llegado a lo más alto, todavía queda el viaje en teleférico, un artefacto igual de claustrofóbico que de increíble que, ahora, sí, te eleva hasta la cima. Tras cinco minutos mirando a las nubes por encima del hombro, el frío aterrador te recuerda que el cielo no se puede tocar, aunque sí saborear.

En toda la isla no he encontrado a ningún autóctono que no fuera amable y pausado. Para ellos, el noventa por ciento de las veces soy mi niña, pero el otro diez por ciento me convierto en la mujer invisible.

Tenerife, sin lugar a dudas, no te deja indiferente. Tenerife te lo da todo, pero nunca a cambio de nada. Tenerife te cuida pero en algunos momentos te putea. Y es que Tenerife es una isla de extremos, como mi vida, seguramente también como la tuya. Y es que Tenerife me recuerda tremendamente a ti y a mí. ¿A nosotros?, cómo no.

17.3.08

!Qué más se puede pedir!

Con la compra hecha, llego a casa después de una laaaarga jornada de trabajo. Pongo a Sabina y Serrat, enciendo unas velas, abro una botella de vino tinto y me lío un cigarillo.

De pronto, la de "El pirata cojo". Me lanzo a bailar como una loca, sola, en medio del salón.

¡Qué más se puede pedir!

16.3.08

conversaciones musicales

Últimamente atraigo a los músicos cincuentones, está claro.

El otro día fue en la cola del súper. Un hipie de la vieja escuela con acento portugués me preguntó que cuántas piscinas había hecho. Supongo que me vió con la bolsa del gimnasio y el pelo mojado e imaginó que nadaba. Por qué se le ocurrió preguntarme, eso ya no lo sé... A su interrogatorio reaccioné bastante ranciamente y le dije que ninguna, para ver si así me dejaba en paz. Era las nueve de la noche de un día entre semana, y yo sólo tenía ganas de llegar a casa y tumbarme en el sofá...

Pero unas milésimas de segundos después me vi a mí misma como una estúpida y una amargada. Me giré, le sonreí y le conté que yo no nadaba, que prefería la gimnasia, que daba menos frío. Estuvimos hablando lo que duró la cola, y descubrí que era alemán de nacimiento aunque hacía treinta años que frecuentaba el Brasil. Y que su cara me sonaba porque es el señor que siempre toca bossa nova frente al museo Picasso. ¡Cómo no me iba a sonar, si desde hace años paso por delante suyo una media de cuatro veces al día!

Hoy ha sido en el gimnasio. Esta mañana he ido a tomar el Sol a la terraza del Club. Se presentaba una mañana de lo más relajada, con el periódico, mis cigarrillos y unas mandarinas para matar el hambre hasta la hora de comer, cuando de repente el hombre que estaba en la tumbona de al lado me ha pedido el periódico para mirar a qué hora daban la Fórmula 1. A partir de ahí han sido más de dos horas de conversación. Esta vez, en lugar de comenzar groseramente he decidido ser simpática de entrada, supongo que que te intercepten un dominigo por la mañana es distinto a que lo hagan un martes por la noche...

Resulta que éste también era músico, pero de jazz, y trabaja en una tienda de instrumentos en la calle Bonsuccés. Originario de Galicia (A Coruña para más señas) pero residente en Barcelona desde hace 28 años. "Los mismos que yo", le he dicho. Desde ese momento he visto como, al menos un poco, disminuía su interés por ligar conmigo. Su cara también me sonaba, así que preguntando, preguntando he descubierto que es uno de los músicos que hace años tocaban jazz en la plaça del Pi. "Buenísimos", le he dicho.

Pues nada, a ver si sigue la racha y un día de estos me topo con Sabina y me pide la hora.

10.3.08

espiritualidad

Hace una semana, en la frase "para reflexionar" que voy cambiando en este blog apuntaba que "La espiritualidad es la distancia entre tú y la vida".

La frase la escuché un sábado por la noche que no salí y me quedé enganchada a la tele, comiendo pipas y viendo en el Canal 33 una entrevista a un jesuita. Sí, sí, como lo estáis leyendo... Los que me conocéis sabéis de sobra que las religiones me vienen un poco grandes, sobretodo fuera de la jornada laboral. Pero mira, el jesuita éste me gustó (una lástima que no me quedé con su nombre...)

El tio hablaba de que todo el mundo busca la espiritualidad de alguna manera u otra. Unos la llama zen, otros naturaleza, otros cristianismo, otros "paz interior".... pero al final, le pongamos el nombre que le pongamos -decía- no es más que el espacio que dejamos entre nosotros mismos y la vida, porque si no dejáramos ese espacio sufriríamos muchísimo. ¡Cuánta razón!

Yo, que soy lo más visceral que he conocido nunca, pues llevo fatal eso de dejar un espacio entre yo y el resto; entre mi persona y lo que me sucede, pero porque sobrevivir quiero sobrevivir, pues ya hace tiempo que sin darme cuenta, pero sobretodo a base de ostias, he ido haciendo que este espacio creciera y creciera...

Sin ir más lejos, este fin de semana me pasó una cosa que seguramente en otro momento me hubiera afectado muchísimo, haciéndome llorar, desgastándome, gritando, maldiciéndome y haciendo que este lunes fuera lo peor de lo peor. Pero, como por arte de magia, no fue así. Respiré hondó, conté hasta diez y visualicé el espacio que había entre yo y la putada que acababa de vivir en primera persona...

Hecha esta reflexión, decidí no pensar en el problema ni un minuto más del que éste se lo merecía, y continué con mi vida, disfrutando de un fin de semana maravilloso, rodeada de familia y amigos.

Al final, ni nada es tan grave como parace ni hay mal que cien años dure.
Os recomiendo hacer caso al jesuita. Y no por jesuita, si no porque sabe lo que se dice.

2.3.08

pensar en el gimnasio no es bueno (I)

En la sala de máquinas de mi gimnasio hay un aparato para hacer cardio que estoy segura también se encuentra en el resto de gimnasios de la ciudad. Se trata de una máquina a la que te subes y colocas cada uno de tus pies en una especie de palas a lo robocop. Con las manos agarras unos palos que recuerdan vagamente a los de esquis. Tras introducir una serie de datos en el ordenador del artilugio (peso, nivel, tiempo, etc.), las palas y palos, al unisono, comienzan a moverse. Y tú te ves allí arriba, subiendo y bajando las piernas como si quisieras participar en una maratón, y moviendo los brazos también hacia adelante y hacia atrás, como si no te fuera a importar dislocártelos en cualquier momento.


Allí subida no puedo hacer más que mirar al resto de personas que se encuentran en otras máquinas que les sujetan otras partes de su cuerpo. También veo al grupo de chicos-armario que parece que lleven todo el día ahí metidos levantando pesas. Y así, todos los presentes, sudamos la gota gorda pero ponemos cara de orgullo y satisfacción.


Pues bien, he descubierto que si cuando me encuentro subida en esa máquina y observando tal escenario, pienso, automáticamente una escandalosa risa surge de lo más profundo de mi ser y nada ni nadie la pueden parar... Es como si al pensar me saliera de mi cuerpo y lo viera todo desde fuera. De golpe es como si nunca hubiera visto un gimnasio ni supiera lo que es, como si fuera Gurb en el libro de Eduardo Mendoza. Entonces la situación deja de tener ese punto de esfuerzo, sacrificio, salud y pasa a ser una escena cómica. ¿qué coño hacemos todos allí encerrados sudando la gota gorda en nuestro único rato libre? (lo mismo debe pensar la señora que limpia...)

Os animaría a probarlo, a pensar mientras estáis haciendo máquinas, pero mejor que no. El otro día un mazas me pilló en pleno éxtasis y casi me gano una ostia... El gimnasio no es buen sitio para burlarse de nadie, ni siquiera de uno mismo.

22.2.08

el hijo del carnicero

La primera vez que le vi me dio un susto de muerte. Era de madrugada y yo volvía de fiesta, camino de mi, por aquel entonces, recién estrenado apartamento. Me interceptó a mitad de la calle -una calle que todavía me era desconocida- para decirme lo guapa que era y que si me acompañaba. Me siguió durante un buen rato. Él no debía tener más de 15 años, pero el hecho de que estuviera oscuro y yo llevara alguna copa de más; y de que el fuera árabe y un desvergonzado, pues que queréis que os diga, me acojonó.

Después de ese día le he visto decenas de veces. Es el hijo del carnicero hindú que hay al final de la calle. Siempre que nos cruzamos me sonríe. Creo que es su manera de disculparse por el susto que me dio ese día.

Esta tarde me he cruzado con él por la calle de siempre, caminaba apresuradamente e iba de punta en blanco: pantalón tejano recién estrenado, camisa planchada, zapatillas relucientes y pelo engominado. Lucía una tremenda sonrisa y en la mano llevaba una rosa. Creo que había quedado con una chica. Hoy he sonreido yo primero.

16.2.08

paz

Cuando llegó quedo sorprendida por lo grande que era aquel piso, un piso típico de la burguesía catalana reconvertido en centro social. Al entrar a la sala, una docena de personas -todas mujeres- se habían dispuesto en círculo, cada una sobre una manta blanca. A ella no le quedó más que imitarlas. Así que cogió una de aquellas mantas, la puso en el suelo esforzándose para que quedara tan lisa y perfecta como la de las otras, y se estiró en ella.

Luego vinieron dos horas para respirar, relajarse, pensar y no pensar, masajearse y recordarse a cada segundo que ella no era más que un ser encajonado entre el magma de la tierra y la libertad del cielo.

Al final de la sesión cogió una carta al azar. No se trataba de una carta de la baraja española, ni de la de póquer. Ni siquiera era una carta del tarot. Se trataba de una carta más grande que la de cualquier baraja que conocía. El reverso era como el de cualquier baraja, un entramado de líneas mediopsicodélicas azules (que a veces puedes ser rojas). En el anverso había un texto de unas cinco o seis líneas. Lo leyó dos, tres, cuatro veces, intentando comprender qué quería decir aquello... y aunque intuyó algo, no lo acabó de descifrar. No le preocupó lo más mínimo.

Dio las gracias, se puso los zapatos y se fue calle a bajo, sin saber muy bien cómo andar. La gente a su alrededor caminaba acelerada, los coches pitaban y algún conductor incluso gritó, pero ella no se percató de nada. Andaba despacio, como hacía años que no lo hacía.

Al llegar a casa la estaban esperando con la cena preparada. ¿Se le puede pedir algo más a un viernes por la noche? Mientras se hacía esta pregunta, se besaron como si hubiera pasado una eternidad desde la última vez que se habían visto. ¿Cenamos?

5.2.08

clasificados

Tal y cómo están las cosas hoy día, no os extrañe que dentro de poco en los anuncios de clasificados de La Vanguardia aparezcan mensajes como el siguiente:

"Se traspasa ex-novia con hipoteca."

un sms de buenas noches

Ayer me fui a dormir, como muchos días, sin noticias de él. Esperé un poco a dormirme para ver si me decía algo, si me llamaba para que le explicara cómo me había ido esa reunión tan importante o, sencillamente, si me llegaba un mensaje con un beso enorme sólo para mí... pero supongo que al final me quedé dormida...

Hoy, cuando he abierto los ojos a las 7.30h he visto que tenía un mensaje en el móvil. Mi cara se ha iluminado tanto que no ha hecho falta que subiera la persina para que en mi habitación se hiciera lde día... pero el mensaje no era de él; el mensaje era de otro...

Él no tiene por qué llamarme cada día ni mucho menos, pero no me gusta que me llamen más a menudo otros que él...

26.1.08

placeres (no sexuales) II

Salir a la calle un domingo de enero y que un rayo de Sol me caliente la cara.

21.1.08

placeres (no sexuales) I

Pelearme con un programa informático y ganarle la partida antes de que salga el Sol.

Aprendí a hacerlo hace ya muchos años, gracias a alguien que me montó un ordenador con piezas de dudosa procedencia y me dio la suficiente confianza como para darle al "guardar cambios" sin ningún tipo de pudor. Gràcies ;-)

20.1.08

vida de barrio

Bajar a buscar el pan en pijama y saludarme con media docena de personas.

Estar triste, llamar a unos buenos amigos y tenerlos en casa casi antes de colgar el teléfono.

Ver a los hijos de María crecer día a día.

Decidir a última hora que hoy, domigo, voy a comer a casa de mis padres y no tardar más de diez minutos en llegar.

Que comience a llover y poderme escapar del curro para descolgar la ropa sin que nadie en la oficina se de cuenta.

Estar llegando a casa, recibir la llamada de un colega y darme de bruces con él. ¿Tomamos una birra en el bar de Paco, no?

Tener un pacto con Manolo, el homless del barrio, sobre la cantidad de cigarros que me puede pedir a la semana.

Que la madre de María cada vez que me ve me diga lo guapa que estoy y lo mucho que me parezco a mi madre.

Que me fíen en el bar y en el badulake.

Que mi madre fuera adoptada, que lo supieran todos los vecinos menos ella y que en más de cincuenta años nunca nadie se lo hubiera cotilleado.

Cosas cómo éstas sólo se pueden disfrutar si se hace vida de barrio.

19.1.08

17.1.08

días de "forward", días de "pause"

Hay días en los que quiero ir más deprisa de lo que va mi propia vida. Me acelero, me pongo nerviosa, y enciendo un cigarrillo tras otro. Mis caladas compulsivas queman el papel más rápido de lo que puede arder, como si el simple hecho de inhalar pudiera acelerar el tiempo...

Son días en los que paso horas buscando el mando a distancia de mi propia existencia. Debajo del sofá, entre las sábanas, dentro de la nevera, en el microondas... ¡¿donde lo habré metido?! Sólo pienso en darle al botón de "forward" y saber, de una vez por todas, si la película va a terminar tal y como me la he imaginado tantísimas veces...

Pero en cambio, hay otros días en los que de camino a casa me pierdo por las callejuelas de la ciudad y miro a través de las ventanas que no tienen cortinas. Son días en las que sonrío a los chicos guapos, a las mujeres que pisan fuerte y a los niños que comen piruletas. Son días en los que entro al mercado y compro fruta y verduras. Días en los que disfruto de los improvistos; días en los que me voy a tomar una cerveza con el primer chico guapo que me ha devuelto la sonrisa. En días como éstos, cuando llego a casa, enciendo velas perfumadas y pongo la banda sonora de Amelié.

Cómo me gustan los días en los que me olvido de que fumo y le doy al "pause" para poder observar cada uno de los fotogramas de mi vida.

12.1.08

Sé infiel, pero nunca desleal

Hace tiempo que me dijiste que leyera la entrevista de La Contra a Aitana Sánchez Gijón, que me iba a gustar lo que decía. Por fin la he encontrado (no ha sido nada fácil, ya que el buscador de La Vanguardia Digital deja bastante que desear...), pero ha merecido la pena, tenías toda la razón, la entrevista me ha encantado. ¡Qué pedazo de mujer que es Aitana!

Los cuentos de príncipes y princesas, y sobretodo las series 'made in USA' con las que tantas y tantos hemos crecido, nos han inculcado que ser infiel es no querer, es no amar, es la peor de las traiciones... y yo he vivido un montón de años creyéndomelo a pies juntillas, sin darle importancia a nada más. Y así me ha ido: he traicionado y me han traicionado, pero siempre he sido fiel y me lo han sido (o al menos eso creo)... y total, ¿para qué?

Gracias por el regalo de Reyes. Es el mejor que nadie nunca me ha hecho. Indudablemente, me va a durar toda la vida.

nota: resulta la frase "sé infiel pero nunca desleal", no es original de Aitana Sánchez Gijón, sinó que está parafraseando a Gabriel García Máquez en El amor en los tiempos del cólera. Gracias Javier por alejarme, una vez más, de la más absoluta ignorancia. Estoy deseando leer el libro. ¿Alguien me lo presta?

4.1.08

preferencias

No te equivoques. Yo siempre fui más de Dylan que de Brandon. ¿A caso no se me nota?

27.12.07

sensacions de nadal (I)

Obro la porta amb les meves claus (les úniques claus que sé segur que sempre m'obriran una casa) i, sense fer massa soroll perquè no se'n adonin de que ja he arribat, em quedo uns instants sola al rebedor.

Quieta allà al mig, observo com al nen Jesús li canvia la cara de color al ritme de les llumetes que s'encenen i s'apaguen, i com els Reis Mags s'apropen des de la llunyania amb uns camells enormes.


Entreobro la vidriera que dóna al menjador, i presidint-lo, majestuosa, està la taula, més llarga i més ben guarnida que mai. Tanco els ulls i oloro el caldo, els canelons, i el rostit de pollastre.

Al fons entreveig a la meva mare traginant per la cuina. Respiro i somric.

És Nadal.

24.12.07

el corsé

No recuerda cuando ni quién le puso ese corsé que tenía que moldear su cuerpecito de princesa. Su opresión era muy sutil, casi imperceptible, pero con el paso de los años dejó que su abdomen se desarrollara a gusto del artilugio.


Hoy se ha despertado contenta, sintiéndose muy libre y muy tranquila.
A los pies de su cama yacía el corsé ya enegrecido.

Se ha frotado los ojos, se ha desperezado y, de un salto, ha abandonando el calor del edredón. En ese momento un escalofrío ha recorrido su barriga.

Al ver la rosa roja en la mesa del desayuno se le ha escapado una sonrisa.
Ya no necesitaba el corsé para ser la mejor de las princesas.

22.12.07

ser libre

Él la animaba a quitarse el velo.
Ella nunca se había planteado quitárselo.

Él le ofrecía ser aquella mujer que, de niña y a escondidas, había soñado que algún día sería. Pero que al final nunca fue.

Él le estaba regalando la libertad.
Ella no comprendía por qué siendo libre se sentía tan limitada.

la memoria de los peces

Estas Navidades seréis mis invitados.


Están condenados a repetir una y otra vez los mismos errores. Su memoria no les permite recordar más allá de los últimos tres segundos, y eso con suerte.

Quizás no es tan mala mala forma de vivir. Al fin y al cabo, por más que se equivoquen y tropiecen con la misma piedra no lo recordarán, y por lo tanto no se sentirán culpables ni vulnerables. Pueden cambiar de opinión cada tres segundos, nadie se lo tirará en cara.

Peor lo tenemos los humanos. ¿Quién no se ha visto, uno y otro día, una y otra vez, repitiendo lo ya vivido? Al menos si tuviéramos memoria de pez no lo recordaríamos y nos sentiríamos menos éstúpidos.