3.8.07

Historias en el metro (I)

Los que me conocéis sabréis que para mí coger el metro es una auténtica aventura... Aunque vivo en el centro de una gran ciudad, mi día a día es como vivir en un pueblecito. Estoy acostumbrada a ir a todas partes andando o en bicicleta. Y si con estos medios no llego, prefiero no ir.

Pero resulta que ahora, por circunsatancia de la vida, algunos día me despierto 11 paradas más lejos de mi pueblecito. Éste ha sido el caso de hoy.

7.20 de la mañana, último día de trabajo antes de coger las vacaciones (¡qué ganas!). Sin saber muy bien cómo, porque mi cerebro (más listo que yo) ha decidido quedarse un ratito más en la cama en buena compañía, entro en un agujero que hay en la pared en el que arriba, en grande, pone "Trinitat Nova".

Bajo unas escaleras mecánicas y llego al andén, un lugar extraño lleno de gente que espera. Éste es un "andén compartido" (que vendría a ser como un piso compartido pero de trenes). Conviven en él dos líneas distintas: la amarilla, que es la que yo cogeré; y una de color verde chillón, llamada Línea 11 que viene del más allá. Me siento a esperar el metro a mí lado del andén, junto a una señora que, sin decir nada, por la expresión de su rostro parece no haber olvidado su cerebro al salir de casa.

Mientras estoy ahí (todo lo que puedo hacer es estar), aparece por el túnel contrario, ruidoso, el tren de la Línea 11. Viene de un mundo que no conozco. Pero de él comienzan a salir personas y más personas, muchísimas personas... ¿cómo serán sus casas?, ¿en qué trabajarán?... sigo esperando.

Dos mujeres que bajan del tren recién llegado se dirigen apresuradas hacia mí, mirando el reloj. ¡Resulta que conocen a la señora que está sentada a mi lado! Creo que son "compañeras de andén" desde hace tiempo. Yo, que lo de compartir espacio lo llevo fatal, presiento que también acabaré siendo "compañera de andén" de ellas.

Llegan muy aceleradas (estoy segura de que llevan su cerebro consigo), y de manera atropellada le cuentan a su compañera que ¡hay qué ver!, que llegan tarde porque se han pasado más de media hora paradas en "Can Cuiàs" porque una chica se ha tirado al metro.

- "Pues ya son ganas de tirarse a estas horas de la mañana", les responde.

Llega nuestro metro y todas, menos la que se ha tirado, entramos. Sólo 11 paradas y regresaré a mi pueblecito.

Mi cerebro ha venido corriendo antes de que se cerraran las puertas: "Pues sí que tiene tela tirarse a esas horas", me dice.

2 comentarios:

minimono dijo...

Ja has estrenat el piset, eeeeeehhhhh :) Te quedan muchas mañanas de "bajar al bosque", espero les aventures.

Optimo Máximo dijo...

Són muchas paradas. Un dia cogí el metro desde la otra punta, concretamente en "La Pau" y hasta Jaume I vi de todo. Y tienes razón, en esas últimas paradas hay gente que se saluda, realmente son "compañeros de andén", aunque todos los que hemos cogido un transporte público durante mucho tiempo a la misma hora hemos tenido compañeros de andén. En E.G.B. estuve 8 años cogiendo el bus en la misma parada. Terrible. Siempre coincidiamos varias personas, hiciera frio, calor, lloviera... pero nunca nos dirijimos la palabra ni acabamos montando una costellada en las Planas. Lástima.
Un beso.